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Martes, 20 Marzo, 2007 20:55

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¿(Des)localización?

 

La deslocalización es el efecto secundario de la globalización neoliberal, y afecta a aquellos países que han alcanzado un nivel de desarrollo, de bienestar económico
y de progreso social que empieza a ser poco atractivo para las empresas que sólo aspiran a mejorar su cuenta de resultados.


Deslocalizar la empresa es trasladar toda su producción o parte de ella a otro país con el objetivo de reducir los costes y aumentar su rentabilidad. Claro que este fenómeno no es de ayer. Hace mucho tiempo que empresas de medio mundo buscaron nuestros pastos
porque las infraestructuras eran aceptables, las ayudas públicas ciegas y, sobre todo, porque los costes sociales y los sueldos de los trabajadores, en relación a su productividad, eran un reclamo apetecible, por lo escasos, mucho más que el de los trabajadores franceses, alemanes o belgas. Ese mito de que venían porque trabajábamos
mejor siempre fue cuestionable, pero más ahora que los niveles de calidad se van estandarizando.


Las empresas que se van buscan costes laborales moderados, laxas condiciones de trabajo, menores exigencias de seguridad, jornadas mayores, pocas reivindicaciones,
legislaciones medioambientales de conveniencia o administraciones dispuestas a aportar lo que sea necesario con tal de llenar su espacio industrial y ocupar al personal. Ésa era la fotografía con la que enviábamos nuestro currículum patrio para encandilar a las multinacionales. Ahora aparentemente nos hemos vuelto más exigentes, quisquillosos, caros… y nuestra imagen de ayer la han heredado, entre otros, los países
del este europeo, países de economías emergentes que representan un apetecible destino.


Por eso, tendríamos que hacer primero un análisis terminológico. Ese desastre que nosotros denominamos deslocalización, que hace que una de "nuestras" empresas
se marche por ejemplo a Bratislava, en la capital eslovaca se percibe como un fenómeno de localización "ilusionante", cargado de futuro.


No es fácil contener a las grandes empresas cuando llegan los cantos de sirenas con melodías cargadas de flexibilidad laboral y de reducidos costes sociales. Las únicas respuestas posibles son ya conocidas y pasan además de por incrementar la formación, potenciar áreas de investigación, desarrollo e innovación o fomentar un entramado empresarial de calidad también por dejar de mirarnos al ombligo, denunciar el sistema que hemos organizado, rebelarnos ante las conductas de depredación del mercado e internacionalizar nuestras reivindicaciones para que todos puedan compartir nuestro
progreso.

 

Koldo Campo