Aún hoy resulta espeluznante imaginar cuán inhumanas fueron las acciones del 11S. El mundo, consternado, descubrió que la tragedia no tenía límites al observar que aviones comerciales se convertían en ataúdes volantes, en misiles apocalípticos, por un fanatismo irracional. EEUU sintió en sus carnes el dolor y, a la vez, mostró un rostro desconocido: el de lavulnerabilidad.
Pero el 11S también pasará a la historia por la perversa utilización que se hizo de tan macabro acontecimiento. Una vez "absolutizado" el crimen por la propaganda oficial estadounidense acabó convirtiéndose en la justificación que todo lo puede. EEUU, con el mundo conmocionado y solidario con las víctimas, aprovechó el drama para desplegar una venganza cruel, fría y calculada. A las medidas liberticidas, investidas de interesada legitimidad patriótica, como el recorte de derechos civiles, detenciones arbitrarias o encarcelamientos sin derecho a defensa, añadió el macabro amparo de la guerra preventiva, una guerra por si acaso, que incluso nos ha puesto a las puertas de un choque de civilizaciones, cuando el 11S tendría que haber servido para reflexionar no sólo sobre los
efectos sino sobre las causas.
¿Por qué nos desborda la violencia? ¿Por qué no se presta la debida atención a los 11S que se repiten cada día en el mundo? En mis manos ha caído un spot de televisión que arranca con el estremecedor fondo de las Torres Gemelas heridas de muerte. En primer plano, la imagen de un hombre con un cartel que reza:
"VIH positivo. Por favor, ayuda". Junto a las torres, un texto terrible: "2863 muertos"; junto al hombre, una leyenda no menos desoladora: "40 millones de infectados en el mundo. El mundo unido contra el terrorismo debería hacer lo mismo contra el Sida". En la secuencia siguiente aparece un niño sentado. Junto a las torres, convertidas en una pira fúnebre, el mismo epitafio; junto al niño: "824 millones de personas desnutridas en el mundo. El mundo unido contra el terrorismo debería hacer lo mismo contra el hambre". Otra escena nos lleva a un hombre que contempla la tragedia.
Junto a él, un mensaje: "630 millones de indigentes en el mundo. El mundo unido contra el terrorismo debería hacer lo mismo contra la pobreza".
Tan sobrecogedoras llamadas de atención se funden en un dramático negro que lleva un grito "sobreimpresionado": "Sea solidario. Colabore. Ayude. Done. Ampare". El anuncio fue censurado en la televisión estadounidense…como también lo han sido en este mundo las libertades y el sentido común.
Koldo Campo |