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Martes, 20 Marzo, 2007 21:07

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De la falta de memoria y otras vergüenzas

 

Las autoridades canarias están desbordadas. Las patrulleras no hacen sino regurgitar inmigrantes a los centros de acogida, cada día más saturados. Ahora llegan desde Mauritania, donde miles de personas esperan su oportunidad. Probablemente muchos de ellos están en ese país porque fueron expulsados de Marruecos. España y Europa, que no perciben lo que pasa como una tragedia humana sino como un asunto de seguridad, han untado convenientemente al gobierno alauí para que les aleje el problema, por eso han empujado a los migrantes por debajo del Sahara Occidental. En consecuencia, el gobierno español ha corrido ahora a Mauritania para asegurarse otra solución travestida de ayuda. Su intención es crear centros de atención en el país africano, aunque en el mismo paquete les envía patrulleras para que contengan en sus costas a los que no quieran ser atendidos y, previo pago, traslada a la administración mauritana la responsabilidad del blindaje europeo, obligándola incluso a aceptar la devolución de los interceptados
fuera de su territorio.


Dicen en Canarias que la llegada de cayucos representa una emergencia nacional ; otros, más obscenos, han recordado la mala imagen que está dando el archipiélago, lugar turístico por excelencia. Esta es la inmoral reflexión de una Europa torpe, engreída e hipócrita.


Lo que es una emergencia es que África agoniza, se muere. ¿Acaso no son una emergencia los cientos de millones de personas que pasan hambre? ¿Acaso no son una emergencia los más de tres millones de muertos de la guerra de Congo o los ochocientos mil tutsis masacrados en Ruanda, o las decenas de miles de muertos de Burundi o Sudán? ¿Acaso no es una emergencia que algunos países tengan una esperanza de vida inferior a los cuarenta años? Y nosotros somos en buena medida responsables.


Aquellos fueron nuestros jardines coloniales y hoy en día son nuestras farmacias naturales, nuestras minas, nuestro basurero y nuestra despensa de esclavos. ¡Cómo no van a intentar salir de ese miserable escenario! Más si cabe, cuando nosotros vivimos, en medio de ese océano de pobreza, en un islote de bienestar en el que corren ríos de leche y miel.


Si no hubiésemos perdido la memoria, si no actuáramos como piojos resucitados, recordaríamos que por nuestras venas corre sangre de emigrantes; antepasados nuestros que un día dejaron atrás casa y familia para buscar prosperidad. Pero la memoria es una red en la que quedan atrapados algunos peces pero por la que han pasado miles de litros de agua de los que nunca hemos querido saber nada. Por eso ahora que hemos engordado no nos reconocemos en los escuálidos fantasmas que llaman a nuestra puerta. Es más, los vemos como una amenaza porque hemos desarrollado un extraordinario y exclusivo sentido del amor…hacia nosotros mismos.

 

Koldo Campo