Nos hemos tenido que inventar un día de la erradicación de la pobreza para recordar que, mientras nosotros enfermamos de indigestión otros se mueren de hambre.
No parece que ser pobre sea una elección, un capricho del destino o una penitencia sino más bien una injusticia descomunal. Nunca antes el mundo ha sido capaz de producirn tanta riqueza pero, aun con todo, los de siempre siguen excluidos, los que nada tienen y nada representan.
Soltar por enésima vez que hay más de mil millones de habitantes que sobreviven con menos de un dólar al día o que 20.000 personas mueren de inanición cada jornada, da la sensación de ser una proclama desgastada, por demasiado manida, que ya a nadie le llama la atención; cae en el mismo saco de la indiferencia que ponerse a estas alturas a reivindicar
un mundo más justo, más humano y más próspero para todos.
No obstante, ya tenemos un plan para acabar con la miseria en el 2015; y probablemente, por extensión, acabar con la pobreza sea sentar las bases de la paz en muchos rincones del planeta, porque el hambre dejará de ser un arma, un instrumento de aniquilación y sometimiento.
Pero para que cristalicen tan loables intenciones, además de la voluntad política, es necesario cumplir con los compromisos marcados: condonar las deudas, luchar contra la evasión fiscal, contra los paraísos económicos, gravar los movimientos de capital , eliminar aranceles, dejar de subsidiar mercados propios, globalizar los recursos energéticos…o al menos desviar 50.000 millones de dólares al año. Con esa cantidad, sólo con ese dinero, se podrían cubrir las necesidades básicas de nutrición, agua, salud y educación de todos los seres humanos del planeta.
Desde luego que para los que se manejan con un sueldo o una pensión esa cantidad resulta inalcanzable, pero no parece nada si la comparamos con que es lo mismo que los europeos nos gastamos en cigarrillos o menos de la mitad de lo que nos bebemos de alcohol o quince veces menos de lo que el mundo se gasta en armamento. Ante esto sólo cabe pensar que los pobres no serían lo que son si nosotros fuésemos lo que deberíamos ser.
Koldo Campo |